Música para bebés: La importancia de la estimulacion musical temprana

Siempre que le digo a alguien que trabajo la música con bebés me hace las mismas preguntas: “¿y los bebés hacen música?”, “¿saben algo como para hacer música?”, “¿no son demasiado pequeños?”. Incluso en alguna ocasión he tenido que oír la barbaridad de: “¡pero si los bebés no entienden!”

La cuestión es bien simple: si piensas que tu niño te escucha y entiende cuando le hablas, si piensas que tu niño reacciona ante tus estímulos de comunicación oral, tu niño también reacciona ante los estímulos musicales.

Tras esa imagen de fragilidad que tiene, un bebé es un individuo que desde el mismo momento en que nace (incluso antes), está realizando un proceso intelectual en su cerebro con todos los estímulos que tiene a su alrededor. Es más, el mayor desarrollo en el cerebro de una persona a lo largo de toda su vida será precisamente en estos primeros años de vida.

Tengo un amigo francés que lleva viviendo en España como unos 20 años. Cuando habla no puede ocultar su origen a pesar de que su capacidad de expresión es admirable. En uno de los pueblos donde trabajo doy clases a tres hermanos cuyos padres son ingleses. Estos niños se han criado desde su nacimiento en España. La perfección en su dicción tanto en la lengua inglesa como en la española es impecable. Esta es la demostración de un hecho que ya sabemos: hay ciertas capacidades que solo se pueden adquirir en ciertas etapas del desarrollo.

Los grandes avances en neurociencia nos han demostrado científicamente lo que ya suponíamos: en esa etapa de los 0 a los 36 meses es cuando se van a realizar el mayor número de conexiones sinápticas en el cerebro, donde se produce la mayor explosión en la formación de vías específicas de conexión. Además se producen las primeras podas sinápticas, que implican cerrar conexiones que no se utilizan. Por tanto esta es una ocasión inmejorable para realizar un estímulo y trabajo musical aprovechando la plasticidad natural del cerebro. Aquella expresión tan usada de “los niños son esponjas” tiene una base científica. Si a esto le sumamos el hecho demostrado de que no existe casi ninguna parte del cerebro que no se vea afectada por la música (S. Koelsch, D. Levitin, O. Sacks), ya nos sobran los motivos.

El planteamiento de nuestro trabajo musical con los bebés está basado principalmente en las teorías de Edwin E. Gordon y su “Music Learning Theory” y en el desarrollo de estas teorías a través de la metodología de “Música in culla”. Este planteamiento es bien simple: del mismo modo que el niño adquiere de un modo natural la competencia comunicativa y la expresión oral tiene la misma capacidad para adquirir la competencia de la expresión y comunicación musical. Todo consiste en proporcionarles y estimularlos a través de elementos y estructuras musicales que favorezcan la construcción del pensamiento musical de un modo sencillo y natural.

Todos nacemos musicales, la cuestión es potenciar y desarrollar esas capacidades innatas o bien dejar que se vayan atrofiando poco a poco por la falta de estimulación.

Se calcula que tan solo un 2% de las personas padecen amusia. Somos seres musicales. Todos nacemos musicales, la cuestión es potenciar y desarrollar esas capacidades innatas o bien dejar que se vayan atrofiando poco a poco por la falta de estimulación.

En las clases de música para bebés no esperamos que el niño responda ante los estímulos musicales inmediatamente del mismo modo que tampoco se espera que el niño hable y responda ante los estímulos verbales al momento, pero sí sabemos que se está produciendo un trabajo de interiorización ante estos estímulos que serán los elementos que formen su aprendizaje musical. Esa respuesta puede venir posteriormente en su casa, en el parque, mientras juega solo/a en su habitación…

Para este trabajo es fundamental la participación de los padres/madres, que tendrán un papel de gran importancia tanto en el trabajo a realizar durante las sesiones como en la musicalización posterior en sus casas y fuera del aula.

A pesar de que ya hemos dicho que el trabajo musical afecta a todas las partes del cerebro y favorece el desarrollo de otras capacidades no musicales no estamos afirmando con esto que este trabajo en la infancia sea un medio para crear niños superdotados o más listos. Hay otros componentes que influyen en el mayor o menor desarrollo intelectual del individuo y ahí entra en juego por ejemplo la teoría de las inteligencias múltiples (H. Gardner). Pero es que tampoco es ese nuestro objetivo: debemos preocuparnos por potenciar individuos musicales, que integren la música en sus vidas como un medio para hacerla más bonita, donde se puedan expresar musicalmente como una herramienta de habilidad social y para su goce personal, no con un fin exclusivamente artístico.

Como educadores pensamos que nunca es demasiado pronto para comenzar con el trabajo de la educación musical, sobre todo si de un arte tan bello y cercano como la música estamos hablando.


Raúl Torres Ortega

Coordinador del programa de educación musical de la Asociación Aula Sonora (Cádiz, España)

 

Raúl Torres ha trabajado como voluntario en nuestro proyecto Música para Vivir en el barrio René Cisneros de Managua durante el mes de julio de 2014. Durante su estancia nos ha aportado nuevas herramientas, puntos de vista y conocimientos sobre cómo trabajar la música desde edades tempranas. También ha iniciado un grupo de Estimulación Musical Temprana con los bebés del barrio y ha preparado a los profesores permanentes para que puedan continuar la actividad.