Cuando elegí Música para Vivir como caso de estudio no sabía lo que me encontraría. Solo sabía que era un proyecto pequeño y bien centrado, chiquito, como dicen por aquí, destinado a facilitar el desarrollo integral de los “chavalos” de un barrio popular de Managua. Me llamó mucho la atención que la herramienta fuera tan concreta y precisa y que Judit Ribas, la persona en cuya memoria se inició el proyecto y que creía que jugar con la música permitiría a los chicos crecer internamente, hubiera fallecido antes de gestar el proyecto en si. Me parecía que una iniciativa capaz de salir adelante en tales circunstancias, llevaba algo valioso dentro de si.

Tras un mes de observación constato una realidad social muy compleja con problemas con frecuencia invisibles a primera vista, pero que dificultan notablemente el desarrollo armonioso de las personas, limitan su potencia creativa, reducen la confianza en si mismos y amilanan la esperanza y la capacidad de superación.

Por todo ello y ante tales realidades, creo que este proyecto ha hecho lo mas difícil todavía: crear un lugar de encuentro comunitario a través de la música, donde los chicos crecen y se relacionan de forma distinta y comienzan a percibirse como protagonistas de sus vidas. Un lugar de juego, luminoso y primorosamente decorado, donde hay alegría y libertad. Suena a derecho a elegir. (En algunos lugares y circunstancias, aun es preciso y urgente mostrarle a las personas que la vida es o debería consistir precisamente en eso).

Antes de irme, entre las prisas de acabar informes varios que sé que serán útiles, intento establecer conclusiones racionales y siento que no las tengo. Solo sé que me maravilla la intuición inicial de Judit, cada vez que pienso en ella; El que supiera con esa certeza que a través de la música estos chicos podrían sentirse especiales, capaces, con dones propios. Que podrían empezar a conocerse a si mismos. Que por medio de la música se nutrirían y familiarizarían con valores que de otra forma difícilmente entrarían en sus vidas. Y que sin forzarlo, aparecerían vocaciones musicales genuinas. He visto mas de una.

Me maravilla y me sorprende aun mas, la forma en la que la realidad se ha ido ordenando a si misma, casi sin querer, y como han ido apareciendo las personas precisas para darle vida al proyecto y transformarlo en realidad. La fuerza iniciadora de Mireia, su capacidad de empujarlo, de aterrizarlo, de darle vida; su acogida de nuevas ideas y su impulso. La sensibilidad social y artística de todo el equipo docente, con el que he compartido algunos ratos mas que buenos; Jóvenes sensibles y bien formados, que se abren a realidades sociales hasta hace nada desconocidas para ellos, que sienten que les ensanchan por dentro, y les hacen mejores personas, por conectar mundos que antes no se tocaban, como me confiesa alguno de ellos, y  que les llevan a desarrollar en todo caso, capacidades de acompañamiento y escucha, que en este contexto son esenciales para la docencia.

También me maravilla la custodia permanente de las hermanas, leales como principio vital, sembradoras desde hace tiempo, que con su presencia activa y discreta consiguen algo tan importante como que los profesores solo tengan que preocuparse de que la estrategia funcione, de que los “chavalos” aprendan y se conviertan en mejores seres humanos al tiempo. Ser educados en el sentido mas amplio y divertido del término. Porque Judit siempre supo que lo que estaba en juego era algo mucho mas importante que la música en si.

Aun queda mucho por hacer. Próxima estación, arraigar el proyecto con mas intensidad en el barrio dando lugar a nuevas formas de responsabilidad comunitaria, involucrando en mayor medida a padres y alumnos mayores. Porque no solo los chicos aprenden. Los padres, tal y como ellos mismos me cuentan, lo hacen también. Y se sienten afortunados de que el proyecto exista “por lo bonito que es” y lo que les ayuda aprender cada día.

Sabemos que aun faltan muchos chicos por venir; Son los que vendrán… Queda mucho por hacer también por ellos. Pero lo mejor de todo es que es posible hacerlo. Con la aportación de todos.

Lara Ruiz, investigadora, universidad de Deusto.
Managua, diciembre, 2014.

 

Si quieres saber más sobre Judit Ribas y su visión visita: Las huellas de Judit Ribas.
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